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América XXI
Mov. de Solidaridad Bolivariana
Solidaridad con Cuba
Cuba frente a la crisis del primer mundo
El PT-Brasil se apronta a gobernar
Presentación de Crítica de Nuestro Tiempo en Asunción
 

 

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ARGENTINA
Convocatoria a la construcción política
Por Cristina Camusso

Argentina ha transitado las últimas décadas, en particular desde la recuperación de las libertades civiles y democráticas en 1983, sin resolver, desde la conciencia y organización de la clase obrera y el pueblo, el problema del poder. La búsqueda por plasmar ese desafío atravesó la resistencia e iniciativas de fines del siglo XX sin haber logrado quebrar la tenaza del pensamiento reformista, tanto en su versión socialdemócrata como socialcristiana, ni las manifestaciones del sectarismo paralizante.

La larga marcha por la construcción de una herramienta política de masas reapareció con nuevo vigor a mediados de 2007. El escenario marcaba un salto cualitativo paradojal respecto a los pasos encarados a comienzos de los ´90. En aquel entonces un sector de la clase obrera industrial encabezó la tarea política (proceso analizado en Crítica de Nuestro Tiempo desde su primer número, en todo su itinerario, auge y retracción). El peso del pragmatismo, la democracia abstracta sin componente de clase, la idea de concertación con el capital, tenían entonces un peso relevante y el «progresismo» y «posibilismo» pudieron jugar un papel clave.

Hacia las postrimerías del siglo, América Latina giró su brújula. La idea de revolución y socialismo se clavó como una estaca de efecto multiplicador. La Revolución Bolivariana de Venezuela, Bolivia, Ecuador, junto a Cuba (que había sostenido las banderas ideológicas casi en soledad), plantearon el reencuentro de la «Patria Grande», del proyecto liberador inconcluso del siglo XIX y dieron inicio a procesos fundacionales que enlazaron el camino de la transición al socialismo del siglo XXI con la unidad y la complementariedad de los países, los pueblos, los movimientos y organizaciones populares en términos de integración alimentaria, energética, económica, financiera, política y cultural. La alternativa Bolivariana para las Américas, el Banco del Sur, han sido las expresiones de esa decisión revolucionaria, en abierta confrontación al imperialismo. Unasur, Mercosur ampliado, han expresado las instancias más amplias de confluencia diversa y contradictoria, pero en choque objetivo con la política imperialista.

En la fase actual, el papel de Argentina se dirime entre sucumbir ante Estados Unidos o ser parte del nuevo despuntar emancipador. Esta última opción se identifica hoy con la edificación de un partido revolucionario, como capítulo local de ese movimiento, entendido como eje de reagrupamiento de los revolucionarios/as, donde si bien el horizonte será desde el punto de vista estratégico y programático el socialismo, no será su base la identidad ideológica marxista. Esta instancia de confluencia revolucionaria tendrá diversas vertientes de pensamiento y sin duda deberán estar quienes asuman las ideas del marxismo. Es así como el presente tiene una potencialidad superadora de aquel despuntar. Con la dimensión de la crisis mundial desatada, otro sentir en los pueblos latinoamericanos, los conceptos y la determinación de las conductas lleva a todo un sector de la militancia a la vereda de la revolución.

El imperialismo buscará romper la convergencia suramericana y cooptar a Brasil y Argentina. La reunión del Grupo de los 20 celebrada el 15 de noviembre en Washington, en la cual participaron Inacio Lula da Silva y Cristina Fernández es un signo de las tensiones en curso. No convocaron con antelación al conjunto suramericano para llevar la palabra común, por el contrario ambos expresaron antes del evento, la necesidad de que los organismos internacionales como el FMI o Banco Mundial, otorgaran créditos en condiciones distintas a los mecanismos implementados durante las últimas décadas. En síntesis, endeudamiento con «rostro humano», colaborar con el sostenimiento de las estructuras imperialistas en vez de plantear un camino propio que contribuya a enterrarlas. Serán así portadores de los intereses del capital. El salvataje, si es que lo logran, se hará a expensas de millones de poblaciones en todos los continentes.
Otra señal sugestiva fue el intercambio telefónico que el presidente recién electo de Estados Unidos Barack Obama hizo a su par brasileño con el objetivo de remarcar el esfuerzo y el papel de Brasil para hallar salidas a la crisis financiera global.

Como espejo de la situación, la perspectiva de concertar con el capital, ha tenido una manifestación transparente en las palabras del presidente del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil:

«Los países emergentes ayudarán a mantener a flote la economía global».

Desde el Sur surgieron las propias iniciativas. La Conferencia Internacional de Economía Política realizada en Caracas entre el 8 y el 11 de octubre de este año, promovió un debate sobre la realidad económica mundial y los grandes desafíos para los gobiernos y los pueblos. Con la presencia de un amplio arco de Argentina, Australia, Bélgica, Canadá, Chile, China, China, Corea del Sur, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, México, Perú, Uruguay y Venezuela, sintetizaron en la Declaración Final conclusiones y recomendaciones de acción. Entre sus principales formulaciones sostenían:

«(..) Ni el intervencionismo estatal gigantesco que se ha observado en las últimas semanas para salvar entidades desarticuladas y vaciadas por la especulación, ni el endeudamiento público masivo son alternativas plausibles para la salida de la crisis. La dinámica actual anima a nuevas rondas de concentración del capital y, de no existir una firme oposición de los pueblos, se enfatizará aún más y en forma perversa la perspectiva de reestructuración sólo para salvar sectores privilegiados.

(..) La necesidad de reconfigurar la arquitectura económica y financiera internacional es hoy ineludible. Dentro de tal perspectiva se inscribe la necesidad de una salida post-capitalista, denominada por Venezuela como Socialismo del Siglo XXI».

En la combinación de los planos nacional y regional señalaban:

«(..) En un momento crítico como el actual, las políticas nacionales y regionales deben dar prioridad a los gastos sociales, y proteger los recursos naturales y productivos. Los Estados deben introducir medidas urgentes de regulación financiera para proteger el ahorro, seguir impulsando la producción y combatir el peligro de descontrol a través de inmediatos controles de cambio y de movimientos de capitales.

Será clave en tal sentido desarrollar la mayor complementariedad e integración comercial regional en forma equilibrada, potenciando las capacidades industriales, agrícolas, energéticas y de infraestructura».

Entre otras propuestas levantaron la necesidad de dar «una señal clara de un acuerdo monetario latinoamericano; afianzar en la propuesta de un Fondo del Sur alternativo al FMI; poner en funcionamiento en forma inmediata el Banco del Sur ; el control de cambios a fin de proteger las reservas e impedir la salida de capitales; la suspensión del pago de la deuda pública por parte de los países de la región para «proteger en forma transitoria los recursos soberanos amenazados por la crisis y evitar un vaciamiento de las Tesorerías de los países».


Nuevamente la crisis

La crisis financiera y la recesión eclosionaron en los centros claves del capitalismo, con el detonante en Estados Unidos. La clase dominante intenta frenar la secuencia de la crisis clásica de sobreproducción. El triunfo de un afroamericano para la presidencia de Estados Unidos se enmarca en la incertidumbre y el malestar de la sociedad. Barack Obama y provocó un inédito grado de participación política que se extendió a la juventud y es esperable que la manipulación ideológica que irrumpirá en todas las latitudes intentará convencer que estamos ante la presencia del «cambio». Sin embargo poco será el aliento para esa expectativa, Obama es un producto del establishment imperialista y tomará en sus manos las medidas que demanda la burguesía imperialista.

La anarquía del funcionamiento normal del capitalismo actualizó la confrontación histórica lanzada por Rosa Luxemburgo y tomada como bandera por el presidente venezolano Hugo Chávez: socialismo o barbarie. Queda hoy expuesto, en otro nivel, que el neoliberalismo fue el intento de respuesta del capital a su crisis estructural. Asistimos a la situación en la cual, si bien la crisis coloca una losa objetiva a las visiones reformistas, keynesianas y su pretensión de instaurar, a contramano de la historia, la perspectiva de un capitalismo regulado, humano o moral, reaparecen con nuevo vigor las ilusiones de la intervención estatal y la regulación, para moderar la lógica del mercado. Y en ese escenario cabe señalar la distinción plena entre los dilemas de la transición (mucho más acuciantes cuando los procesos radicalizados del continente se dan en los marcos electorales, pero con el objetivo claro de la construcción del socialismo), y las políticas de ropaje estatista desde una propuesta instalada en la defensa del capitalismo.

En la época imperialista asistimos al pleno dominio del capital financiero. El economista cubano Raúl Valdés Vivó señala que comparada con la debacle actual, la crisis cíclica de 1929 de la economía real, productora de bienes y servicios, se unió con el crack financiero y la explosión de burbujas de la especulación bursátil. En ese momento la especulación de la bolsa era del 5%, respecto de la producción material; hoy alcanza el 98% (1).

Desde su primera edición Crítica de Nuestro Tiempo ha desarrollado el seguimiento de la crisis capitalista. Un momento peculiar fue la crisis de 1997 en el sudeste asiático, allí se quebró la ilusión extendida según la cual la tecnología informática vencería a la ley del valor. En Crítica nº 18 (diciembre 1997) el análisis marcó un elemento fundamental: «El signo distintivo de esta etapa histórica tiene, como no podía ser de otro modo, arraigo en la evolución del proceso de producción mismo: el crecimiento de la locomotora mundial, Estados Unidos, en los últimos cuatro/cinco años, es resultado en primer lugar del desarrollo de la industria informática. Ocurre que, a diferencia de áreas tales como la industria del acero, automóvil, aeronáutica (civil o militar) o equipamiento pesado en general, la industria basada en la informática, los semiconductores, el software, etc, carecen de base material objetiva para sostener un desarrollo estable, de largo plazo y a escala mundial»(2).

El Partido Comunista de Cuba en su ponencia al X Foro de Sao Paulo del 19 al 21 de febrero de 2000 (Crítica nº 25, diciembre 2000-marzo 2001) resaltaba que:

«Uno de los fundamentos de las tesis del capitalismo eterno es que, en virtud de la llamada Revolución Científico-Técnica, el modo de producción capitalista encontró la fórmula para solucionar o, al menos, para conjurar a perpetuidad, el estallido de sus contradicciones antagónicas –entre ellas la crisis de sobreproducción-, de lo cual se desprende que la transformación revolucionaria de la sociedad no sólo resultaría imposible, sino también innecesaria. Otro ideologema en boga es que la ciencia y la tecnología han adquirido vida y racionalidad –o irracionalidad- propia, es decir que el desarrollo científico tecnológico se convirtió en el sujeto propulsor de la humanidad, cuyos dictados resultan inapelables, tanto para explotadores como para explotados por igual, de lo que se derivan cambios sociales que invalidan toda la experiencia histórica de las luchas populares –tanto reivindicativas como políticas- con lo cual se pasa por alto que la innovación científico-técnica se rige por las leyes del capital y que –contrario a la noción generalmente aceptada- mientras más acelerado y profundo es su desarrollo, más agudiza las contradicciones antagónicas del modo de producción capitalista, en particular la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el estancamiento de las relaciones de producción».
Un dato central de la crisis internacional es la lucha interimperialista e interburguesa, que se ha desenvuelto en el marco de la desideologización y desorganización de la clase obrera mundial. La emergencia de la eclosión financiera, recesión y el peligro sobre el empleo, las condiciones de vida y supervivencia de millones, puede abrir paso a otro ciclo histórico. América Latina es el terreno donde las masas han alcanzado el mayor nivel de definición conceptual, organización y conciencia. La historia ha demostrado que, las políticas duales, centristas y ambiguas abren la compuerta a la ultraderecha, en tanto la confrontación verdadera se dirime entre revolución, guerra y contrarrevolución. En este marco transitan los gobiernos, el proletariado y los pueblos de la región.


Construcción política y lucha por el poder

El 29 de marzo de este año comenzó a tomar forma la confluencia de equipos provenientes del terreno sindical, social y político, con un fuerte componente de expresiones revolucionarias del marxismo y el peronismo. El eje aglutinante fue la realización de un acto al cumplirse el 30 aniversario de la constitución, el 1º de mayo de 1968, de la CGT de los Argentinos, que junto a los programas de La Falda en 1957 y Huerta Grande en 1959, conformaron hitos en la historia del movimiento obrero argentino, porque alcanzaron un punto de unidad de la clase trabajadora y una plataforma para el conjunto de la sociedad de contenido antiimperialista y choque con la lógica capitalista.

La primera fase de acuerdos políticos se concretó en la conformación de la Convocatoria por la liberación nacional y social que produjo la Declaración del 25 de mayo. Fue el reinicio de la marcha. El texto reconocía en sus fundamentos:

«La crisis del sistema capitalista a nivel internacional, con signos inconfundibles de agotamiento, ha agravado las condiciones de vida de los pueblos de todo el mundo poniendo en grave riesgo la vida misma de miles de millones de personas. Un ejemplo de ello es el avance de los agronegocios por sobre la soberanía alimentaria de los pueblos, intensificando su embestida para apropiarse no sólo de nuestros alimentos para transformarlos en combustibles, sosteniendo la industria automotriz, sino también el agua, los minerales, el petróleo y nuestros territorios».

La caracterización del gobierno de Cristina Fernández remarcó que «ha defraudado las expectativas y esperanzas de una amplia mayoría popular, dando continuidad e implementando políticas de concentración y extranjerización de las tierras y de los recursos naturales en general. La sanción de la ley antiterrorista, el mantenimiento de la judicialización de las protestas y la vigencia de leyes contra los intereses del pueblo impuestas por la dictadura, son instrumentos necesarios para el gobierno y las clases dominantes para frenar el descontento».

La asunción del hilo histórico común y la ubicación en la realidad continental actual es sin duda un cimiento sólido en el recorrido:

«Recogemos el mandato histórico de las luchas de más de 500 años de resistencia al colonialismo de nuestros Pueblos originarios. El mandato de nuestra clase trabajadora que jamás se resignó a perder su dignidad, y nos reconocemos en sus propuestas históricas de La Falda, Huerta Grande y el programa del 1º de mayo de la CGT de los Argentinos. Nuestra clase trabajadora siempre estuvo con las acciones que nuestro pueblo protagonizó: la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde, el 17 de octubre de 1945, la Resistencia peronista del ´55 al ´73, el Cordobazo, la Coordinadora de Gremios, Comisiones Internas y Cuerpos de Delegados en Lucha de 1975, la Resistencia a las dictaduras militares, la Resistencia al neoliberalismo de los años ´80 y ´90, el 19 y 20 de diciembre de 2001, entre tantos.

Somos parte del proyecto de unidad latinoamericana y caribeña encarnada en Cuba, Venezuela, Bolivia, y también Ecuador y Nicaragua; del proceso abierto por el pueblo paraguayo, y las luchas de los pueblos de El Salvador y Guatemala. El Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas) es nuestra respuesta a la arremetida imperialista que promueve la reconfiguración territorial del cono sur, la división de nuestros países, el desmembramiento de regiones estratégicas por su caudal energético y de recursos naturales. Bolivia está hoy bajo fuego y apuntan a la República Bolivariana de Venezuela. Nuestro proceso de Liberación, forma parte de una estrategia de integración continental».

La gran tarea está ligada a los procesos constituyentes de los pueblos hermanos: «En nuestro país urge organizarnos para protagonizar estos procesos de liberación. Así es que estamos convencidos de la necesidad de Refundar la República. No nos sirven sus actuales instituciones, no nos sirve su sistema político, no nos sirve su dirigencia, no nos sirve esta República vieja, moribunda, oligárquica y capitalista, carcomida por la corrupción, los privilegios bochornosos e injusticias intolerables a perpetuidad. Nos paramos frente al poder constituido construyendo el poder constituyente. Para ello nos proponemos la tarea de la construcción y organización del poder del Pueblo para que el Pueblo sea poder. Poder que llegue a expresarse en una Asamblea nacional constituyente originaria».

Las bases para el trabajo organizativo en el movimiento obrero se expresa en algunas ideas motoras:

«Una de las principales causas del fracaso de los movimientos populares en Argentina ha sido la imposibilidad de lograr la unidad orgánica y política de la clase trabajadora. En ese sentido la construcción de una nueva experiencia requiere un profundo debate ideológico.

Subsiste un modelo sindical más proclive a conseguir sus reivindicaciones en pasillos ministeriales, que como producto de la lucha de los trabajadores. Hablamos acerca de la necesidad de construir otro modelo sindical que se proponga una lucha consciente y prolongada para alcanzar los objetivos estratégicos, que se plantee la construcción de la herramienta política necesaria que coordine y fije la realización de la tarea estratégica en un marco de lucha integral.

El enemigo ha logrado un grado de dispersión y fragmentación de la clase que nos impide encarar con éxito las luchas si no lo hacemos en esa perspectiva estratégica. En el marco de una profunda crisis política sería imperdonable no realizar los esfuerzos necesarios para realizar una propuesta de organización política de los trabajadores desde Convocatoria».
Está planteada una intensa labor de extensión y organización. Con encuentros, plenarios en todo el país –en cada capital, ciudad o pueblo, a nivel provincial y regional- que culminen en una reunión de carácter nacional. El año 2009 será clave para consolidar el proceso de construcción y crecimiento, que permita culminar en la realización de un Congreso fundacional hacia mediados de año, sobre la base del debate democrático de la Declaración de principios, Programa y Estatutos. Los materiales publicados por convocatoria son el sustento básico para el inicio de las discusiones.


Los vaivenes de la Constituyente social

La Central de Trabajadores Argentinos (CTA) impulsó en el año 2007 un recorrido nacional hacia una Constituyente social, difusa en cuanto a sus objetivos conceptuales, más aún respecto a sus definiciones organizativas. Aún así, al interior de los sindicatos y organizaciones que integran la CTA, la iniciativa reavivó los debates en torno a la construcción política de los trabajadores. Una discusión enraizada desde sus orígenes en diciembre de 1991, nunca acallada pero que no ha logrado aún superar dialécticamente la construcción de un movimiento político, social y cultural. Tal es la formulación adoptada en reiterados Congresos, en especial en diciembre de 2002. La polarización de la dirigencia frente al gobierno de Néstor Kirchner primero y ahora Cristina Fernández, oscila entre la incorporación orgánica a las instituciones vigentes, a la franca oposición, pasando por todas las tonalidades intermedias centristas y conciliadoras ha tensado las relaciones entre las cúpulas y la base aglutinada en esa estructura. Crítica ha seguido el itinerario de esta experiencia desde su primer número y ha señalado la amenaza que, como misiles certeros, ha operado contra la independencia política de la clase trabajadora y su intento de pasar al accionar político: la confluencia de las corrientes socialdemócratas y socialcristianas (con particular peso esta última, al punto que una de sus figuras notorias es Carlos Custer, polea de transmisión directa del Vaticano). Al mismo tiempo están y dan batalla los sectores que apuntan a una radicalización ideológica y política que coloque a Argentina junto a los procesos revolucionarios de la «Patria Grande», no en los discursos sino en la política y la organización. Reforma o revolución; Socialismo o barbarie atraviesan las determinaciones de los rumbos a seguir. Algo está claro, la crisis mundial obliga a desplazar a izquierda todo el movimiento.

La provincia de Jujuy fue escenario el 24 y 25 de octubre del lanzamiento de la Constituyente social. Los acuerdos de cúpula (trazados entre el actual secretario general de la CTA Hugo Yasky, del tronco de los docentes y Víctor De Gennaro, de los trabajadores del Estado, hoy secretario de Relaciones Institucionales de la CTA), reactualizó los dos planos en que discurre este desarrrollo. Por un lado la necesidad de diluir las conclusiones del trabajo en Comisiones y los puntos a levantar en la Marcha Nacional del 12 de diciembre (el mandato de Jujuy era de Marcha Federal, la transacción interna negó esta denominación que recordaba a la movilización realizada en 1994 por el entonces Congreso de Trabajadores Argentinos contra el gobierno de Menem). Desde otro ángulo, están las demandas de un conjunto plural que se manifestó en las jornadas jujeñas con un nivel de demanda y claridad confrontativa para plantarse frente a la magnitud de la crisis.
Las jornadas jujeñas plantearon, sobre la base de las temáticas propuestas:

Prioridades, Acciones y Estrategias institucionales, el no pago de la deuda externa, la reforma agraria, derogación de la ley antiterrorista, terminar con la criminalización de la protesta, 82% móvil para los jubilados, derogar la ley de radiodifusión de la dictadura, asilo político para los campesinos paraguayos detenidos en cárceles argentinas, regularización de los trabajadores precarizados, aparición con vida de Jorge J. López, despenalización del aborto, solidaridad y apoyo a los pueblos hermanos latinoamericanos, elaboración de un programa estratégico para promover la unidad del campo popular. Y también la construcción de la Constituyente desde abajo, desde el plano local, regional, provincial y en cada sector, fábrica, territorio, escuela, universidad.

Por encima de los pactos gestados por arriba, las intervenciones de los 20 talleres marcaron una intencionalidad que apuntaba a la ubicación de los responsables del «hambre es un crimen», la respuesta organizativa política y la certeza de la salida hoy implica la elaboración de un Programa continental. La consigna general de la Constituyente, Ahora es cuando, implica dar contenido al para qué y hacia dónde y con qué herramienta.

El conjunto de Convocatoria por la liberación nacional y social trabajó una separata titulada: Poder Constituyente. Deliberar y pasar a la construcción política. En ella expresaba que:

«Los jefes de las grandes potencias corren desesperados para detener la crisis del capitalismo mundial. No sabemos exactamente hasta dónde llegará el terremoto financiero, sin embargo su dinámica generará transformaciones económicas, sociales y políticas de alta significación negativa para la mayoría de la población a través de cambios tecnológicos y modificaciones en la división del trabajo y del poder. Cabe recordar que esta crisis constituye una parte natural del proceso histórico del desarrollo mundial capitalista y que, de manera similar a lo ocurrido en las anteriores, durante el período de reajuste se producirán serios conflictos económicos, sociales, políticos y, por consiguiente culturales.

Argentina está en las peores condiciones imaginables para afrontar esta crisis. Endeudados, ilegal e ilegítimamente, saqueadas desde hace años nuestras riquezas naturales, enajenada la banca, el comercio exterior, las comunicaciones y todo lo imaginable, no contamos con ninguna de las palancas necesarias para tomar control de la economía, levantar una barrera contra el huracán de la crisis y evitar que el cataclismo se descargue contra nuestro pueblo.

Un gobierno empeñado en defender al país debería comenzar precisamente por tomar el control de esas palancas: recuperar el petróleo y la minería, desconocer la fraudulenta deuda externa, retomar el control del sistema financiero, nacionalizar el comercio exterior y establecer el control de cambios para impedir la fuga de divisas que ya está ocurriendo en cantidades siderales mientras la prensa comercial habla de otra cosa».

De manera contundente el texto expresaba cuál debía ser el objetivo supremo de la Constituyente social, «la reasunción de ese poder delegado para construir la unidad orgánica y político social de una amplia mayoría popular, que concrete esa herramienta política definida como Movimiento de liberación nacional y social, articulador y superador de nuestras experiencias sectoriales de las últimas décadas».

La marcha inicial de apertura a las sesiones en Jujuy contó con 30 mil personas y alrededor de 700 organizaciones. Un acerado militante, inserto en la localidad de Lomas de Zamora, en el conurbano de la provincia de Buenos Aires, señaló a la autora de este artículo: en las miles de miles banderas, carteles y pancartas de todo tamaño y color un rostro emergía dominante, el de Ernesto «Che» Guevara. Algo más que un emblema. Símbolo de unidad por sobre cualquier procedencia, apropiado por las juventudes, es la fuerza de un pasado con proyección de futuro en la revolución y el socialismo del siglo XXI.

La Constituyente social es el terreno más amplio, con mayor endeblez y ambigüedades en las definiciones netas, pero es también la posibilidad de gestar un arco de alianzas hacia una convergencia mayor. La noción de herramienta política de masas y Frente único antimperialista adquiere nueva carnadura y posibilidad en una coyuntura donde la crisis marca ritmos y decisiones vertiginosos.

Enorme responsabilidad se cierne sobre los equipos y militancia que convergen en Convocatoria: contribuir al reagrupamiento político y organizativo de las fuerzas revolucionarias desde las raíces de su pasado histórico, encontrando las vías para penetrar en la conciencia de los jóvenes trabajadores de hoy y las juventudes en general. Hasta el momento el avance ha sido sólido y consistente. No se trata de minimizar dificultades y debilidades. La larga marcha por la construcción política de la clase obrera y el pueblo en Argentina, nunca abandonada, encontró una nueva escala para su realización.




(1).-Valdé Vivó Raúl. América XXI nº 35 (febrero 2008), El fantasma de 1929.
(2).- Crítica de Nuestro Tiempo nº 18 (diciembre 1997). Bilbao Luis, Causas, efectos y perspectivas de la crisis bursátil internacional.

 
 
 

REVISTA INTERNACIONAL DE TEORIA Y POLITICA

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