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Por | año | autor | región | título
América XXI
Mov. de Solidaridad Bolivariana
Solidaridad con Cuba
Cuba frente a la crisis del primer mundo
El PT-Brasil se apronta a gobernar
Presentación de Crítica de Nuestro Tiempo en Asunción
 

 

39-40
ARGENTINA: ENCUENTRO CON EL PASADO Y EL FUTURO
Convocatoria a la construcción política

Introducción

Es posible enraizar en el pasado un Programa de acción frente a la crisis. Al mirar hacia atrás, surge de inmediato el acervo programático y el caudal de gestas obreras, estudiantiles y populares protagonizadas a lo largo de la historia argentina. En el marco de una imponente lucha de resistencia ofensiva, el movimiento obrero produjo programas de profunda radicalidad: La Falda en 1957 y Huerta Grande en 1962. En aquel momento, las denominadas 62 Organizaciones representaban una unidad plural de los trabajadores y trabajadoras, a partir de sus estructuras sindicales y con un objetivo político hacia el conjunto de la sociedad.

Posteriormente, el Cordobazo del 29 de mayo de 1969 y las Coordinadoras de Cuerpos de Delegados, Comisiones Internas y gremios en lucha de 1975, dejaron planteada la resolución del problema del poder. Argentina ha transitado las últimas décadas de su historia sin dar respuesta, desde la conciencia y organización de los trabajadores y el pueblo, a ese punto clave para cambiar la correlación de fuerzas entre las clases. Un paso imprescindible para facilitar la confluencia de las distintas corrientes ideológicas y políticas con sus identidades y experiencias organizativas en un salto hacia una nueva proyección histórica. La búsqueda por plasmar este desafío atravesó las múltiples formas de resistencia defensiva de fines del siglo XX, sin haber logrado quebrar las tenazas de la fragmentación, el «progresismo posibilista» y el sectarismo paralizante.

Hacia las postrimerías del siglo, América Latina giró su brújula. La idea de revolución latinoamericana y caribeña, el horizonte del socialismo del siglo XXI, reaparecieron con vigor multiplicador. La Revolución bolivariana de Venezuela, Bolivia, Ecuador, junto a Cuba (que había sostenido las banderas socialistas y de la revolución casi en soledad), detonaron el reencuentro de Nuestra América, del proyecto liberador inconcluso del siglo XIX y dieron inicio a procesos fundacionales, abrazando la causa de la unidad y complementariedad de los países, los pueblos, los movimientos y organizaciones populares.

A 40 años del aniversario del Cordobazo, más de 60 cuadros políticos, sindicales y sociales, provenientes de distintos puntos del país, realizaron el 30 de mayo pasado un Encuentro en Huerta Grande. La elección de la fecha y el lugar tuvo un propósito definido: un homenaje militante al programa obrero votado en aquella localidad en 1961 y al Cordobaza del 29 de mayo de 1969. No solo como efemérides. Sino para conjugar el pasado con el camino de encuentro con las masas, con los trabajadores, trabajadoras y jóvenes de hoy.

Cuadros políticos veteranos, jóvenes dirigentes de movimientos sociales, estudiantes, sindicalistas de numerosos gremios, (Agmer, Telefónicos, Ansafe, Ate, Seguro, Ferroviarios, Obreros Navales, Obras Sanitarias, Luz y Fuerza, junto a numerosos activistas), así como integrantes de Apenoc (Movimiento Campesino de Córdoba), miembros de H.I.J.O.S; compañeros del MoNaFe (Movimiento Nacional Ferroviario); profesionales de diferentes ámbitos (médicos, periodistas, filósofos, ingenieros, sociólogos, etc); Oscar Lúpori, en representación del MEDH y el obispo Federico Pagura; protagonistas del Cordobazo e integrantes del Movimiento de Solidaridad con Haití en Argentina, entre otros. Presidió la reunión una Mesa moderada por Cristina Camusso y formada por Alberto Cartagena, Raúl Jiménez, Luis Bilbao, Luis Bazán y Nicolás Alessio.

El documento para el debate, circulado previamente y ampliamente discutido, busca comprender lo que pasa en el mundo, a partir de allí el lugar que ocupa América Latina y el papel de Argentina en la región y el mundo.

La jornada de intercambio concluyó con la aprobación por parte de la Asamblea de la Declaración Huerta Grande-Cordobazo. Se acordó igualmente realizar Encuentros regionales, sumando temas y posicionamientos, para arribar a un II Encuentro Nacional en Rosario, el cual se concretó el 12 de septiembre pasado y cuyas conclusiones también se reproducen aquí, a partir de la página xx.

El ciclo recorrido hasta el momento mostró la voluntad de unidad antiimperialista, participativa, democrática y anticapitalista y la decisión de atravesar la larga marcha entre la extrema disgregación actual y la construcción de una herramienta política de masas. Un encuentro con el pasado y el futuro.


I.- Homenaje militante a dos acontecimientos cruciales de la historia argentina

Con la participación de 61 cuadros políticos, sindicales y sociales, provenientes de los más distantes lugares del país, se realizó un Encuentro en Huerta Grande, el pasado 30 de mayo. La fecha y el lugar fueron escogidos con el propósito de mostrar al país un homenaje militante al doble símbolo de la aprobación del Programa obrero votado en esta localidad en 1962, y al 40 aniversario del Cordobazo.

Lejos de la mera recordación, esta actividad fue concebida como punto de partida para «promover de ahora en más, según un cronograma a definir, Encuentros locales, regionales y nacionales que discutan estas ideas. Promoveremos reuniones en cada punto del país donde un grupo de compatriotas se disponga a participar plena y democráticamente en la edificación de una herramienta política propia. Alentaremos que delegaciones genuinamente representativas de esos encuentros locales y regionales converjan en una o más convenciones nacionales, a fin de avanzar en definiciones políticas y organizativas y gradualmente presentar a la nación una alternativa real».

La Asamblea aprobó por consenso unánime la Declaración que se adjunta. Con el mismo criterio resolvió realizar en los próximos 60 días Encuentros regionales, sobre la base de esta Declaración y sumando temas y posicionamientos, con todo lo cual se arribará a un Segundo Encuentro Nacional, a realizarse en Rosario, en agosto próximo. A fin de impulsar y coordinar estas y otras tareas, se conformó un Secretariado, con asiento en Córdoba.


Texto aprobado por el plenario Huerta Grande-Cordobazo

Compañeros y compañeras trabajadores; estudiantes, chacareros y campesinos, pueblos originarios, profesionales; hermanas y hermanos todos de la Patria. A 40 años del Cordobazo y desde este lugar histórico, donde el movimiento obrero argentino enarboló un programa aun más actual hoy que medio siglo atrás, nos dirigimos a ustedes para presentarles una reflexión sobre el momento que vivimos y hacerles un fervoroso llamamiento.

Al compás de una crisis sin precedentes del sistema capitalista mundial, Argentina está ante la opción inaplazable de encontrar un rumbo soberano o continuar amarrada al saqueo de nuestras riquezas naturales y nuestro esfuerzo diario.

Aún antes de la detonación de la crisis mundial que amenaza caer como un alud sobre nuestro país, en Argentina el espejismo de la reactivación económica había dejado paso a la verdad: la mitad del país en situación de exclusión, marginación y empobrecimiento. Del resto, la mayoría percibe que cae aceleradamente hacia un lugar desconocido. Sólo una minoría insignificante acumula riquezas y empuja al conjunto de la sociedad a una degradación que destruye la convivencia, la conciencia y la cultura.

Si alguien pudo creer que el actual gobierno era una esperanza para revertir la larga decadencia nacional, ya tiene sobradas pruebas de que éste ha sido devorado por las expresiones más retrógradas de la sujeción al lucro y las fuerzas ciegas de la corrupción. No es un problema de tal o cual dirigente político. Las deformaciones estructurales y la subordinación de la economía nacional se revelan en toda su potencia paralizante y destructiva, imponiéndose sobre eventuales voluntades individuales que, desde posiciones de gobierno, pretendan torcer el curso de los acontecimientos sin cambiar drásticamente el lugar de Argentina frente al imperialismo y acometer transformaciones raigales en las relaciones económicas y sociales.

El sistema institucional ha sido reducido a una caricatura grotesca. La Constitución, las leyes y costumbres políticas, son manipuladas cada día con mayor desaprensión, para moldearlas según las necesidades de individuos movidos por intereses mezquinos, ajenos y contrapuestos a los requerimientos de la nación y sus mayorías.

Los partidos políticos tradicionales han perdido su condición de tales, para transformarse en aparatos al servicio de los grupos económicos más concentrados e instrumentos momentáneos de proyectos individuales. A la izquierda de ese fenómeno de irreversible declinación, el deterioro se expresa en pequeñas estructuras que esgrimen un lenguaje transformador, pero viven ahogados en la estrechez sectaria o sucumben a la lógica de combates pequeños, empeñados en ocupar un rincón oscuro e impotente en la catedral del poder.

Siempre hubo -y resisten todavía- sindicatos y dirigentes genuinos que obran como plataforma para el futuro. Pero son muchos también los que han dejado de ser representantes de los trabajadores, para convertirse en dispositivos encastrados en el sistema, en directa dependencia de patrones y gobernantes.

Todas y todos hemos sido degradados por esta fuerza que empuja hacia el abismo. Y ahora afrontamos una coyuntura que, provocada por la combinación de la crisis mundial y local, pone a nuestro país ante el riesgo cierto de disgregación y violencia irracional, sin proyecto ni sentido.

Urge un esfuerzo supremo por tomar conciencia de la realidad, reagrupar fuerzas y encaminarnos hacia un futuro de igualdad y buen vivir. Desde las profundidades de nuestra historia patria perviven ímpetus que por diferentes caminos, con visiones diferentes, lucharon por un proyecto de unión de los pueblos, independencia frente a las potencias imperiales y emancipación de las clases sociales explotadas y oprimidas. Ha llegado la hora de congregar esas poderosas fuerzas subterráneas y enrumbarlas hacia el futuro.


El mundo marcha hacia una depresión económica

Está a la vista el carácter intrínseco de la crisis del capitalismo. Este derrumbe en cadena no se produce por la amenaza soviética; no se produce por la movilización o por la propuesta anticapitalista de grandes partidos revolucionarios a lo largo del mundo, con arraigo de masas y con el proletariado organizado; y no se produce por la demanda, siquiera economicista, de masas proletarias. Sin embargo ocurre: el desenvolvimiento normal del sistema lleva a su propio colapso. Y esto es tanto más grave y abarcador cuanto menos trabas tiene el funcionamiento del mercado capitalista mundial. La agudización de la competencia, la celeridad de la revolución tecnológica, no hacen sino acelerar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia y el desenlace de sobreproducción generalizada de mercancías, hasta que el mecanismo se traba por completo. Eso ocurre cuando la recesión se convierte en depresión. En ese punto, la sobreproducción de mercancías y la caída de la tasa de ganancia por debajo del nivel para la reproducción ampliada del capital, sólo pueden resolverse dentro del capitalismo por la victoria de un competidor sobre los demás en el control de los mercados y la destrucción de las mercancías sobrantes. Eso sucedió en la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. Una solución sin semejante trauma para la humanidad sólo puede llegar mediante la superación del sistema mismo.

Siempre hay una correlación inversamente proporcional entre la capacidad de accionar político de la masa trabajadora a escala mundial y la capacidad de postergación del momento en que el sistema capitalista se engrana y detiene por completo, lanzando a millones de seres humanos a la desocupación, la desesperación y la violencia.

No es dable hoy saber si los jefes del capitalismo mundial están o no en condiciones de postergar una vez más el estallido del mecanismo a escala internacional. Hay numerosos indicios de que desde mediados de 2008 y pese a las cantidades fabulosas de dinero inyectadas, no logran detener la caída. Los niveles de recesión en Estados Unidos, Europa y Japón son indicativos de una dinámica que hace probable el arribo a una situación de depresión. Mientras tanto, el proletariado mundial no se moviliza y mucho menos plantea un programa alternativo. Por eso no es imposible que el conjunto de medidas aplicadas y por aplicar a través de la nueva superestructura montada a tal efecto, el G-20, consiga torcer la línea hacia el hundimiento y pasar a una situación de recuperación relativa y temporaria que transforme la recesión en estancamiento prolongado. Si se verificara esta variante, los costos sociales serían de todas maneras inconmensurables para los trabajadores y las capas medias en todo el mundo y muy particularmente en nuestros países económicamente subdesarrollados y políticamente dependientes. Porque el mecanismo sólo puede evitar su paralización total al precio de la desocupación masiva, caída vertical del salario real y agudización del saqueo imperialista a los países subordinados.

Si el imperialismo con el concurso de sus aliados en nuestros países lograra prolongar el plazo del desenlace ineluctable, no demoraría un instante en acompañar sus éxitos parciales con una contraofensiva implacable contra todas las fuerzas que en el mundo desafían su hegemonía. El primer blanco durante una hipotética pausa a su favor sería, naturalmente, el punto más alto de la lucha social contemporánea: las revoluciones en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Pero de modo inseparable la violencia imperial se descargaría contra las organizaciones sindicales y políticas de los trabajadores y las capas medias del campo y la ciudad.

En cualquier hipótesis, como desenlace inmediato de la actual recesión o con una fase de recuperación relativa que en ningún caso puede sacar del estancamiento a los tres grandes centros imperialistas, el mundo marcha hacia la depresión económica.

Concluye así la política anticrisis desplegada por el capitalismo en las últimas tres décadas. Ésa es la mayor paradoja de nuestro tiempo: el estallido de la crisis resulta del éxito de aquella contraofensiva global estratégica que acabó con la URSS, liquidó sindicatos y partidos obreros en todo el mundo, redujo salarios, aumentó los ritmos y las horas de trabajo y saqueó como nunca antes las riquezas de los países del Tercer Mundo.

Ya en su punto actual la crisis termina con la era del dólar. La emisión desenfrenada convierte a la moneda estadounidense en papel sin valor. Es sólo cuestión de tiempo la devaluación en magnitudes siderales. Terminará también, en plazos impredecibles, la parálisis del proletariado industrial en el mundo. La pausa que obtuvo el capital internacional contrarrestando las causas que iniciaron la crisis en los años 1970 significó una forma bastarda y esencialmente falsa aunque con efectos reales del crecimiento económico, que dio trabajo a la vez que aumentaba el desempleo y garantizó, a distintos niveles, una vida llevadera a los obreros industriales, o al menos a una parte sustantiva de ellos.

Eso terminó. Estamos ante el fin de un sistema financiero controlado con mano de hierro por el imperialismo y utilizado como instrumento esencial de dominación mundial. A partir de ahora comienza una nueva etapa histórica en la realidad social y en la organización social y política de los trabajadores de todo el mundo. Quien va a sufrir primero y, en un sentido, mucho más los efectos de este colapso, es el pueblo estadounidense, la clase trabajadora y el pueblo del principal imperialismo, como ya queda a la vista con el despido de un promedio de 600 mil trabajadores mensuales desde hace un año. Ante este panorama, cabe recordar que el proletariado estadounidense tiene reservas históricas de organización y lucha muy grandes. Se puede suponer que van a reaparecer en la próxima etapa. Una de las expresiones de esta crisis será, a corto plazo, la crisis política en Estados Unidos. Ese acontecimiento inexorable sacudirá hasta las raíces y en todos los aspectos la política mundial. Quien no lo comprenda a tiempo será arrastrado sin piedad por el vendaval de la historia.


El Alba de América Latina

En esta coyuntura excepcional para la humanidad entera, América Latina está en el punto de avanzada. Ésa es la razón por la cual el choque estratégico se hace particularmente evidente. Dos fuerzas de sentido inverso y potencia cambiante gravitan sobre la reubicación geopolítica de la región. Desde el año 2000 primó la que inducía a la convergencia, en progresiva confrontación con Estados Unidos. En 2005, durante la IVª Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, el entonces jefe del imperio sufrió una humillante derrota. Y la tendencia convergente se aceleró. Pero mientras esa dinámica llevaba al nacimiento de Unasur, Estados Unidos lanzó su contraofensiva, destinada a recuperar la iniciativa, poner nuevamente a su favor las relaciones de fuerzas y sentar las bases para neutralizar la marcha revolucionaria ya plasmada en diferentes puntos del hemisferio. Cuatro años después, Washington contabiliza escasas aunque significativas victorias. Pero éstas se insertan en un escenario mundial por completo ajeno al de 2005, determinado por la irrupción de la crisis mundial capitalista.

Si el primer factor juega a favor de Estados Unidos, el segundo opera de manera altamente contradictoria, acentuando a la vez las fuerzas centrípetas y centrífugas en América Latina. A la vez que perdía terreno por la presión incontrolable de la crisis, Washington ganó espacio usufructuando las contradicciones internas de las burguesías regionales, las vacilaciones de gobiernos autodenominados progresistas. Arribados al Gobierno en función del vacío creado por la demolición de las instituciones tradicionales del capital, estos mandatarios sui generis apelan a un discurso alegadamente neokeynesiano, cuya significación de definitiva defensa del capitalismo desconocen o manipulan.

Eso explica por qué la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), formidable conquista en pos de la convergencia, quedó muda y paralizada frente a la crisis, tal como le ocurrió al Mercosur y a la Comunidad Andina de Naciones (CAN). En lugar de convocar una urgente reunión de Unasur, Brasilia y Buenos Aires acudieron a Washington primero y a Londres después para apuntalar las decisiones adoptadas por el imperialismo a través del
G-20.

Por el contrario, la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), dio un audaz paso adelante. El 26 de noviembre los mandatarios de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Honduras y Ecuador, aprobaron un documento donde quedó afirmada la decisión de «construir una zona monetaria que incluya inicialmente a los países miembros del Alba y a la República de Ecuador, mediante el establecimiento de la unidad de cuenta común Sucre (Sistema Unitario de Compensación Regional) y de una cámara de compensación de pagos. La creación de esta zona monetaria se acompañará del establecimiento de un fondo de estabilización y de reservas con aportes de los países miembros, con el fin de financiar políticas expansivas de demanda para enfrentarse a la crisis y sostener una política de inversiones para el desarrollo de actividades económicas complementarias». El propósito es que «una zona económica y monetaria del Alba-TCP proteja a nuestros países de la depredación del capital transnacional, fomente el desarrollo de nuestras economías y constituya un espacio liberado de las inoperantes instituciones financieras globales y del monopolio del dólar como moneda de intercambio y de reserva». Quedó así afirmada la decisión de «articular una respuesta regional, impulsada por el Alba-TCP, que busque la independencia respecto a los mercados financieros mundiales, cuestione el papel del dólar en la región y avance hacia una moneda común, el Sucre, y contribuya a la creación de un mundo pluripolar».

Cuatro meses después, el 17 de abril, los presidentes del Alba emitieron un documento de inédita frontalidad y contundencia destinado a enfrentar la declaración presentada por Estados Unidos y aprobada por la mayoría de los países que se reunirían horas después en la cumbre de las Américas. Para ese momento San Vicente y las Granadinas ya se había sumado al Alba. Y también avaló la Declaración de Cumaná el presidente de Paraguay. Por primera vez en la historia de la diplomacia hemisférica, Washington vio desafiada su propuesta de Declaración final en una reunión de estas características. Tan claro y potente es el mensaje de la Declaración de Cumaná, que los mandatarios de Brasil y Argentina, empeñados en una posición conciliadora con el nuevo presidente estadounidense, comprendieron el costo altísimo que les implicaría firmar el texto de Washington en oposición al del Alba y se negaron a hacerlo. Así, la cumbre de las Américas se quedó sin Declaración final. Aunque la prensa no lo registró, allí se expresó un dato trascendental: Estados Unidos ha perdido su hegemonía en el continente.

Ese acontecimiento adquiere toda su dimensión cuando se observan algunos ejes conceptuales y políticos de la Declaración de Cumaná. Dicen los mandatarios del Alba:
«El proyecto de Declaración de la V Cumbre de las Américas es insuficiente e inaceptable por las siguientes razones:
.No da respuestas al tema de la Crisis Económica Global, a pesar de que ésta constituye el más grande desafío al cual la humanidad haya hecho frente en décadas y la más seria amenaza de la época actual para el bienestar de nuestros pueblos.
.Excluye injustificadamente a Cuba (...) Por tal motivo, los países miembros del ALBA consideramos que no hay consenso para adoptar este proyecto de declaración y en función de lo planteado, proponemos sostener un debate a fondo sobre los siguientes temas:
.El capitalismo está acabando con la humanidad y el planeta. Lo que estamos viviendo es una crisis económica global de carácter sistémico y estructural y no una crisis cíclica más. Están muy equivocados quienes piensan que con una inyección de dinero fiscal y con algunas medidas regulatorias se resolverá esta crisis. El sistema financiero está en crisis porque cotiza valores en papeles por seis veces el valor real de los bienes y servicios que se producen en el mundo. Esta no es una «falla de la regulación del sistema» sino que es  parte constitutiva del sistema capitalista que especula con todos los bienes y valores en pos de obtener la máxima ganancia posible. Hasta ahora, la crisis económica provoca 100 millones más de hambrientos y más de 50 millones de nuevos desempleados y estas cifras tienden a aumentar (...) Cuestionamos al G20 por triplicar los recursos del Fondo Monetario Internacional, cuando  lo realmente necesario es establecer un nuevo orden económico mundial  que incluya la transformación total del FMI, del Banco Mundial y de la OMC, que con sus condicionamientos neoliberales han contribuido a esta crisis económica global. Las soluciones a la crisis económica global y la definición de una nueva arquitectura financiera internacional deben ser adoptadas con la participación de los 192 países que entre el 1 y el 3 de Junio nos reuniremos en la Conferencia sobre la crisis financiera internacional de las Naciones Unidas, para proponer la creación de un nuevo orden económico internacional (...)».

De esta manera, desde América Latina, el Alba ocupa el lugar de una alternativa para los pueblos de todo el mundo frente al imperialismo. Y plantea un enorme desafío a gobiernos y fuerzas políticas que se consideran progresistas, pero rehuyen definiciones cuando se trata de enfrentar la crisis internacional, sumándose en última instancia a las grandes potencias para buscar paliativos.

En el período histórico que comienza ahora mismo el Alba será más y más una bandera para miles de millones de seres humanos en todo el planeta. Por eso mismo, los gobiernos que la encabezan sufrirán el acoso y eventualmente el ataque militar por parte de Estados Unidos. La única manera de evitar esa lógica de hierro es avanzando y consolidando la unión latinoamericana. Está a la vista, no obstante, que ese objetivo no puede reposar exclusiva ni principalmente sobre los gobiernos del área. Por eso resulta imperativo alcanzar en cada país formas de unidad social y política de las grandes masas explotadas y oprimidas, que concurran a esa tarea histórica con toda la pluralidad de nuestros pueblos y las características propias de cada uno. No se trata de buscar formas que encierren una algarabía de siglas en instancias por definición pasajeras e impotentes, como pudieron verse en los últimos tiempos. Se trata de asumir definiciones netas en cuestiones axiales que cimenten la unidad real de las mayorías, articularse organizativamente en función de la pluralidad y heterogeneidad de esos conjuntos y sumarse desde allí al torrente latinoamericano en pos de la emancipación. Para esto, un objetivo esencial es luchar contra la participación de tropas argentinas en la Minustah, fuerza de ocupación de la ONU disfrazada de misión de paz en Haití.


Argentina y el mundo

En este cuadro regional el gobierno argentino destaca por haber roto de hecho el frente único suramericano para sumarse sin distingos al llamado de Washington en las reuniones del G-20.

Es preciso señalar la significación estratégica del paso dado por la presidente Cristina Fernández. Mientras el Pentágono alistaba grupos comandos de desplazamiento rápido dispuestos a sofocar sublevaciones sociales no sólo en el interior de Estados Unidos, donde la caldera ya comienza a bullir, sino en países críticos para el equilibrio imperial (México, Perú y Colombia ocupan los primeros lugares en la lista), el Departamento de Estado hizo un movimiento estratégico potencialmente letal: sumó trece países al club de las siete potencias imperialistas y puso en el centro del escenario universal al G-20. Sin vacilar, el gobierno argentino se encolumnó en esa perspectiva. Es probable que en el elenco gobernante no haya habido clara conciencia de la magnitud de ese paso. Hay numerosas pruebas de que la lucidez y la visión estratégica no priman en la presidente y su equipo. No obstante, hay causas de fondo que guiaron el movimiento, más allá de la comprensión puntual. En la semana previa a la reunión del G-20 en Londres y la cumbre de las Américas en Trinidad Tobago, al concluir una reunión de Fernández con el vicepresidente estadounidense Joseph Biden, el canciller Jorge Taiana confesó sin pudor la posición oficial: «pensamos lo mismo sobre la manera de enfrentar la crisis. La Presidente y Biden coincidieron en que los organismos de crédito deben ayudar a aumentar la demanda global».

Esa definición ideológica no es nueva. En un encuentro en Tarija con sus pares de Bolivia y Venezuela, el 10 de agosto de 2007, Néstor Kirchner se expresó de manera inusual en él, tanto más significativa por la circunstancia en que lo hizo: «con una clara visión neokeynesiana, nosotros creemos que cuando se gasta en inversión pública (...) eso no es gasto público, eso es dignificar a nuestros pueblos para que tengan el nivel y la calidad de vida que merecen. Ésa es la diferencia central que tenemos con el neoliberalismo».

No es poca cosa proclamarse ‘neokeynesiano’. Es mucho más subrayar que «la diferencia central con el neoliberalismo», consiste para Kirchner en considerar inversión lo que otros llaman gasto. Pero lo verdaderamente importante en esa declaración de fe es que Kirchner se preocupó por marcar una tajante delimitación ideológica respecto de Hugo Chávez y Evo Morales, quienes escucharon inmutables sus palabras. Poco después, ya en plena campaña electoral presidencial, Cristina Fernández explicaba que el modelo a seguir era el de Alemania, como se lo recordó un año y medio después el ex jefe de gabinete (durante todo el período de Kirchner y los primeros 9 meses de Fernández) Alberto Fernández, mientras prepara un equipo de relevo: «Los argentinos seguimos soñando con el modelo alemán que nos prometió Cristina cuando asumió el 10 de diciembre de 2007».

La presidente trata de camuflar su definición estratégica asegurando, sin temor al ridículo, que Obama se ha hecho peronista. Artilugios aparte, está a la vista que esto es desarrollismo tardío, más impotente aún que el de fines de los años 1950, el cual -precisamente enfrentado por el movimiento obrero con los Programas de La Falda y Huerta Grande- llevó al colapso del frondizismo en 1962 y el posterior golpe de Estado militar en 1966.

La política interior del gobierno es consistente con estas definiciones ideológicas y de política exterior. No es preciso hacer un listado. Basta recordar que fueron renacionalizadas empresas quebradas y abandonadas por sus dueños (Correo, Aguas, Aerolíneas), mientras se acentuó la entrega en las áreas de aquellas empresas lucrativas (en primer lugar Repsol y Telefónica). El ya abortado proyecto de Tren de Alta Velocidad, explicita con exactitud -por vía del absurdo- la naturaleza de este gobierno. En cuanto a la política denominada «de derechos humanos», además de apoyar e impulsar sin cortapisas toda medida que implique justicia y reivindicación de nuestros hermanos y hermanas presos, torturados y desaparecidos, exigiremos que no quede espacio para la hipocresía y se atiendan los derechos humanos de millones de compatriotas que hoy están arrojados a la marginalidad y la miseria. La utilización y manipulación política de la ignorancia y la necesidad extrema, provocadas por la consolidación de un país en dos planos (dentro y fuera del mercado capitalista), es un acto criminal comparable con las peores violaciones de los derechos humanos. Un tercio de la población argentina está hoy por debajo de la línea de pobreza. Y de ellos un tercio vive en la indigencia. La demagogia antimilitarista puede servir para que personas dignas cometan actos indignos; pero no abre el camino hacia la concreción de una sociedad humana.

Por lo demás, es imperativo comprender las causas profundas que llevaron a que los mismos civiles que indujeron a la matanza juzgaran a los militares que la perpetraron, para afirmar de una vez una estrategia que convoque a los componentes de las fuerzas armadas ajenos a aquellos crímenes, a sumarse a un proyecto genuino de emancipación nacional y social, poniendo por delante la defensa de la soberanía y la independencia frente a la embestida global del imperialismo.


Una herramienta política de y para las masas

Por estos días la voluntad de transformación profunda, encarnada en cientos de miles de trabajadores, estudiantes, chacareros y profesionales, están dispersas. Los propios participantes en este encuentro trabajamos en diferentes proyectos, sea para concurrir a las próximas elecciones, sea para acumular fuerzas en tareas de base. Algunos de nosotros tendremos participación electoral significativa el próximo 28 de junio. Otros seremos expresiones apenas testimoniales y otros dejaremos de lado esa forma de expresión política. A todos y todas, sin embargo, nos anima la decisión de luchar por el poder político real, con las mayorías participando democráticamente en todos los órdenes de la vida nacional, para producir los cambios que la hora impone.

El objetivo es por tanto la conquista de una democracia participativa popular, un gobierno de y para las masas, con el poder central en función de los intereses de la nación y del conjunto del pueblo, siempre partiendo de la noción de «patria grande» latinoamericana y actuando en función de la unión de Nuestra América.

Con este horizonte, cada milímetro ganado, sea en el terreno que sea, cobra un valor diferente y mayor porque es la parte viva de un todo y se inserta en un plan de acción estratégica. Todos y todas tenemos la determinación de que el conjunto de expresiones antimperialistas de nuestro país converja en una poderosa herramienta política que, en todos los terrenos, verifique la capacidad de unir a las grandes masas de nuestro país y busque la convergencia con los pueblos hermanos de América Latina.

Nos proponemos elaborar un programa y proyectar una fuerza política de y para las mayorías, que conjugue en su máxima expresión la gloriosa historia de nuestro pueblo y de nuestra clase obrera. En consonancia con ese legado y con la realidad de disgregación y ausencia de referencias netas, aspiramos a construir una Federación que no queremos Santa, sino Revolucionaria- capaz de aunar millones de voluntades en todo el país y con la firme determinación de avanzar codo a codo con nuestros hermanos latinoamericanos encabezados por Cuba, Venezuela y Bolivia.

En consecuencia con estos propósitos, adoptaremos como centro de nuestro accionar alguna de estas tres ciudades cargadas de historia: Paraná, Rosario o Córdoba, excluyendo a Buenos Aires, como prueba del esfuerzo por constituir un verdadero federalismo revolucionario.

Nos proponemos promover de ahora en más, según un cronograma a definir, encuentros locales, regionales y nacionales que discutan estas ideas. Promoveremos reuniones en cada punto del país donde un grupo de compatriotas se disponga a participar plena y democráticamente en la edificación de una herramienta política propia. Alentaremos que delegaciones genuinamente representativas de esos encuentros locales y regionales converjan en una o más convenciones nacionales, a fin de avanzar en definiciones políticas y organizativas y gradualmente presentar a la nación una alternativa real.

Mediante esa labor conjugaremos el extraordinario acervo de nuestras luchas obreras, estudiantiles y campesinas, incluyendo las grandes batallas por los derechos de la mujer. Nos esforzaremos por moldear con esa argamasa una unidad superadora. Empeñaremos nuestros sentimientos y capacidades con la solidaridad y generosidad que sólo puede generar un compromiso inclaudicable con nuestros héroes y mártires, para constituir la representación genuina de la voluntad de los explotados y oprimidos.

En el 40 aniversario del Cordobazo, en el histórico sitio donde el movimiento obrero aprobó un programa para la acción de extraordinaria vigencia en la actualidad, los aquí reunidos nos comprometemos, ante la Patria y la Historia, a entregar nuestros mejores esfuerzos, nuestra vida si es preciso, para colocar a Argentina a la altura de lo que demanda este momento histórico y el extraordinario lugar que en él ocupa América Latina.

Huerta Grande, 30 de mayo de 2009


II. Actividades y Encuentros locales

Informe del Encuentro Regional Rosario
El sábado 1º de agosto se realizó el encuentro local de Rosario.

La jornada comenzó con una reseña del debate y el documento aprobados en Huerta Grande en fecha 30 de mayo pasado.

Se hizo hincapié en lo acertado de la composición social y política de los participantes, representativa de diferentes sectores, reunidos con el fin de construir algo nuevo para la lucha política y la participación electoral. Se destacaron coincidencias programáticas con diferentes organizaciones sociales y políticas del país. Quedó manifiesta la vocación por la participación democrática, dejando atrás vicios de los partidos políticos tradicionales.

El moderador de la reunión instó a los presentes a tomar como ejes del debate sobre la herramienta política de masas, lo referido a:
.funcionamiento
.vinculación entre diferentes estamentos
.categorías de mandato, delegación, representación.

Abierto el debate, se centró en tres líneas definidas, a saber:
.Fundamentar la necesidad de construir la herramienta política,
.Fijar estrategias de construcción de poder popular y
Diseñar formas organizativas.

Hubo coincidencia de que estamos abordando un tema sin partir de cero, retomando las banderas del «Cordobazo», de los «Rosariazos» y el Programa de Huerta Grande, entre tantas otras luchas.

La preocupación es cómo recuperar la capacidad de acción unitaria, sin olvidar en el análisis, que con el golpe militar de 1976, el campo popular ha sufrido una gran derrota. También se mencionan experiencias de construcción anteriores (Encuentro Nacional por la Soberanía), donde el objetivo era reunir muchas personas, lo que fue logrado, pero al ser desoídos por los dirigentes los planteos y reclamos que venían de las Asambleas de cada lugar, fue decayendo, provocando el desaliento y el desánimo para concluir en una nueva dispersión.

Convocando a fuerzas sociales, políticas y referentes populares, debemos buscar el real interés en construir una herramienta política con vocación de poder, como una necesidad imperante. Hoy la militancia social, sindical y los múltiples sectores descontentos, sienten orfandad de la herramienta política. Sólo con una gran amplitud de fuerzas políticas, sociales, individuales unidas, podremos alcanzar los cambios y pensar propuestas hacia el socialismo. Nos falta un pacto para poder articularnos con respeto y vencer desconfianzas aun existentes.

No hemos sabido responder a la protesta: es preciso leer la realidad, hacer pie en la realidad social, prestando atención, narrar lo que sucede; los movimientos sociales levantan cuestiones antisistémicas y proponen ensayos a futuro, por lo tanto hay que conocer las diferentes luchas, y sistematizar lo que está pasando; hay que pensar la correlación dialéctica entre lo macro y lo micro, respetar las subjetivaciones, respetar los tiempos de cada sector.

Además se debe estudiar el discurso para resignificar los términos: tenemos orfandad teórica y reflexiva propia. Que el uso de términos y banderas no se presten a confusiones.

La herramienta política se construye en la lucha, la estrategia debe ser no desperdiciar oportunidades. Referenciar el programa de Huerta Grande en la lucha de hoy, retomando lo expresado en el documento allí aprobado: cómo cambiar y conseguir la unidad con el tiempo y al calor del combate. Construyendo el concreto mental, trabajar en la transformación de la realidad: tratar asuntos concretos y evitar las discusiones abstractas. El rol de los trabajadores formales e informales debe ser importante en esta herramienta política. En el caso de los sindicalistas que participan en la misma, contemplar cómo trabajarán hacia el interior de los sindicatos.

En el segundo eje sobre la construcción de poder popular, hay aspectos aún no definidos: ¿cómo concebir al poder popular? ¿Cuál es la concepción de poder que tenemos?; hubo coincidencia en que partimos de una composición social más diversa y fragmentada que la existente décadas atrás, y que se hace necesario debatir las estrategias de construcción y hacia allí dirigir la acción.

En cuanto al tercer eje abordado, el organizativo, se inició dando lectura a la propuesta de la Unión de Militantes por el Socialismo. La herramienta política deberá diseñar formas de trabajo en unidad que no puede ser el Frente de nuestro reciente pasado; su tergiversación en las experiencias del Frente Grande, Frepaso, y otros, sin reconocimiento por parte de las masas, acarrean una carga negativa. Puede ser organizarnos en forma federativa, mediante Asambleas de base, en las distintas instancias, sean locales, regionales, provinciales.. Otra intervención rescató la experiencia de frentes políticos exitosos en otros países de América Latina, tales como el Frente Sandinista y el Farabundo Martí.

En el punto VIII de ese documento se considera que cada organización conservará su identidad. Esto se reforzó con la afirmación de que estas identidades deberán ser respetadas por el conjunto, dado que no podemos desconocer las organizaciones existentes, con una cuota de poder social y político, con personas que las sustentan y tienen historia.

En cuanto a una futura fusión punto IX - se consideró que será el resultado de un proceso dialéctico que deberá hacerse en etapas y evitando que alguna fuerza se torne hegemónica.

Se acuerda proponer que las delegaciones de otras regiones del país que tengan ideas y contribuciones para este tema, las traigan al 2º. Encuentro Nacional del 12 de Setiembre en Rosario, donde nos encontraremos de nuevo para el debate, el análisis y la profundización de la compleja y difícil problemática de construcción de una herramienta política de masas, y en ese camino, establecer los acuerdos mínimos para trabajar en conjunto.

Desde Rosario, informe de Trudi y Shirley


Informe del Encuentro Regional Capital-Buenos Aires

Encauzar la voluntad hacia la unidad
En continuidad con la línea de trabajo establecida en Huerta Grande, Córdoba, el sábado 8 de agosto se llevó adelante en el recuperado Hotel Bauen de la ciudad de Buenos Aires el Primer Encuentro Provincial para discutir el programa de acción a desarrollar, camino al próximo Encuentro Nacional, a realizarse en Rosario el 12 de septiembre. En la reunión, a la que asistieron 45 delegados y representantes pertenecientes a diversos espacios, quedó conformada una Comisión Organizadora, que asumió un conjunto de responsabilidades.

El Encuentro del sábado 8 de agosto nucleó a compañeros de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires y formó parte de las distintas reuniones que se están realizando a lo largo del país en continuidad con la tarea encarada a partir del encuentro fundacional realizado en Huerta Grande, Córdoba.

En esta oportunidad, el trabajo se desarrolló en dos grandes líneas. Por la mañana, se realizó un informe sobre el cuadro de situación mundial y regional a cargo de Luis Bilbao y un panorama de la situación nacional a cargo de Mario Cafiero. A partir de allí, el debate en el que participaron representantes de diversos espacios políticos y organizaciones como el Movimiento Nacional Ferroviario, Proyecto Sur, el Moi, el Grupo Ulises, la Corriente 6 de diciembre, grupos estudiantiles como La Mella y el Miles, entre otros, pusieron sobre el tapete temas centrales como el manejo de los Recursos Naturales, la Soberanía Alimentaria, las políticas mineras, el cuadro de situación del movimiento obrero desocupado, la escalada bélica que lleva adelante EEUU en la Región y, por supuesto, la naturaleza y el carácter de la crisis mundial.

Este último punto, desarrollado en profundidad por Luis Bilbao, dejó en claro el panorama que enfrenta el mundo: una crisis estructural del sistema capitalista que tiene su punto de origen a comienzo de los años 70, que ha tenido distintos picos a lo largo de este tiempo, pero que finalmente se desata el año pasado cuando el sistema cae definitivamente con el endeudamiento masivo privado en EEUU, sin respaldo real. «Aquello que hicieron los centros imperiales con nuestros países en los años 70 y 80 obligándonos al endeudamiento -no solamente por los intereses que nos cobrarían, sino por los mecanismos de coacción que a través de la deuda ejercieron sobre las economías de cada uno de los países subdesarrollados- volvieron a hacerlo pero no ya contra nuestros países sino contra sus propios pueblos, entregando a las personas hipotecas por precios exorbitantes a sabiendas de que no podrían pagarlas. Eso permitió postergar la eclosión de la crisis, que si embargo explotó el año pasado y dejó a la luz la verdadera situación estructural del sistema capitalista mundial», apuntó Luis Bilbao.

De esta manera, contrario a lo que vaticinan desde algunos sectores, la crisis no tendría solución ni en el corto ni en el mediano plazo; por el contrario, es ciertamente posible que la recesión pueda dar lugar a una depresión mundial. Así, la única alternativa que ofrece el sistema capitalista, sería detener la caída simplemente para estar a un nivel básico de funcionamiento, no para recuperar la economía. «Tenemos muchos años por delante de desocupación masiva en los países imperiales, caída de la demanda agregada y naturalmente el impacto que esta situación tiene en los piases subdesarrollados. La idea de que nuestros países pueden salvarse de esta situación, carece de sustento».

Así, las distintas ponencias del sábado en este sentido, dejaron a las claras la necesidad urgente de romper con los paradigmas del sistema capitalista y sumarse al bloque de países que presentan la alternativa y que están nucleados en el Alba, propuesta revolucionaria que rompe con la lógica del capital. En este marco, la importancia central de nuestro país en esta pulseada quedó de manifiesto.

«Tenemos que ver cómo construimos la herramienta que está haciendo falta en la Argentina para acompañar todo un proceso histórico que está viviendo el mundo con la caída de esta globalización financiera- productiva», expresó Mario Cafiero. «La Argentina tiene un rol estratégico en el tablero latinoamericano, si hay un país que define la situación es Argentina», agregó.

El análisis del panorama nacional esbozó a las claras el mal momento político, económico y social que vive el país, en el marco de un gobierno que tuvo todas las posibilidades «y las desaprovechó»: «No cambió nada de la crisis política que heredó, no hubo avances en materia de las llamadas reformas políticas, se desperdició la enorme energía que había generado el pueblo argentino en 2001; recordemos que hubo jornadas donde se movilizaron 10 millones de personas. También nosotros tenemos que pensar cómo se desaprovecharon esas energías, y no pudieron ser canalizadas en una expresión política que les diera sustento. Porque no hubo en el campo nacional y popular una articulación para que eso se expresara».

Por su parte, Félix Herrero, del Grupo Moreno, realizó un análisis de la disputa por las reservas de recursos naturales. «Europa y EEUU luchan por estas reservas». En este contexto resaltó que «somos el único país del mundo que tenemos el viejo sistema de las concesiones petroleras. Este gobierno está prorrogando todas las concesiones petroleras. Estamos en una política petrolera que nada tiene que ver con la que llevan adelante los países del Alba».

Entre los aportes, Enrique García, del Monafe, también agregó la necesidad de pelear por una empresa estratégica como es el ferrocarril. Asimismo, indicó que la pelea no solo pasa por la construcción de un discurso unificador sobre cuál es el proyecto nacional y cómo implementarlo, sino en «cómo rompemos la valla cultural como para que el común de la gente pueda tener a mano todo esto y ver cómo avanzamos para que todo este común de la gente pueda integrarse a la construcción de este proyecto».

Este eje fue otro de los debatidos por el conjunto, sobre todo en la jornada de la tarde.


Tender puentes
Tras el receso, en la segunda parte de la jornada se discutieron los criterios de cómo transitar el proceso hacia la unidad con un plan de trabajo que permita avanzar en ese sentido. Por esto, se decidió la conformación de una Comisión Organizadora que trabajará sobre tres aspectos claves: la organización del Segundo Encuentro Nacional en Rosario, a realizarse el 12 de septiembre, la conformación de una red comunicacional y las acciones militantes.

«Es fundamental el desarrollo de la comunicación, con radios y periódicos comunales y la construcción de experiencias propias», expresó Alejandro del Monafe, marcando un eje considerado fundamental por el conjunto. Asimismo, quedó de manifiesto la necesidad de realizar un trabajo territorial. «Tiene que ir de la mano con lo sindical. El desarrollo político va a ir hilvanando ambas partes. Tenemos que jugar fundamentalmente en los dos ámbitos; y en el del desarrollo intelectual también. Por eso la importancia de comunicar todo eso», consideró.
Néstor Jeifez, del MOI- CTA destacó a su vez que es «indispensable la construcción de un movimiento político que supere toda la etapa del progresismo, del kirchnerismo, o cualquiera de las hordas de izquierda. A algunos nos parece que ninguna de esas tres van a posibilitar avanzar en el proceso de transformación estructural y creemos que esta es una etapa indispensable para avanzar hacia eso. Estoy intentando transmitir cómo estamos atravesados nosotros dentro de la Central con estas dificultades de conducción del movimiento político, porque estamos de acuerdo que hay que ensanchar el espacio de la Central, y en ese espacio de ensanche construir líneas programáticas o si se quiere líneas estratégicas de las organizaciones participantes».

Asimismo, se sostuvo que el programa de acción a delinearse debería ser conciso, pero no breve, para que haya una herramienta en todo el país, que permita trabajar con una visión latinoamericanista. «El proceso está dado en Latinoamérica, hay que ver cómo se inserta la Argentina. Esta red de comunicación puede ser un paso».

En este sentido, también se apuntó la necesidad de que el programa tenga la suficiente flexibilidad. «Hoy han surgido varios temas», dijo, a su turno, Cristina Camusso. «Algo quizás incluso previo al Encuentro, es cómo encontrar la manera de tener una serie de lineamientos generales que en todo caso pueden ser puntos programáticos, que son ya algo profundamente sentido y que tienen incluso un carácter nacional. Allí va a haber cinturas de acuerdo a las particularidades. Cada lugar aportará de su propio debate en esto de cómo encontrar los puntos de acciones que es la riqueza del debate». Así, llegar a la instancia de «lineamientos comunes con los que poder golpear juntos a lo largo del todo el país. Hay ejes que tienen que ver con la transformación profunda de este país y en eso también entraría la necesidad de desarrollar esos puntos, tener una fundamentación, una comprensión con toda la diversidad que tenga. A veces hablar de programa se identifica con algo rígido, pero no tiene porque serlo. Hay que encontrar esos parámetros que hoy nos identifican, donde no se pierdan las diversidades, pero se vayan encontrando las formas que nos permitan transitar hacia una constitución nacional».

Seguir caminando
De esta manera, la jornada del sábado dejó suficientes inquietudes para seguir caminando. Por un lado quedó claro que el problema es cómo se llega a la constitución de una herramienta política que sea superadora de la extrema dispersión que hoy tenemos en el país, y que sea capaz al mismo tiempo de unir y mantener las diferencias actuales. Como expresó Luis Bilbao al cierre de la jornada: «Estas diferencias son un dato que no podemos superar con un gesto de voluntad. Requerirán tiempo, debate, y sobre todo, intervención directa en la lucha política. Es allí donde se van a confrontar verdaderamente las líneas y donde se van a resolver y seguramente dividir ciertas corrientes de acción diferenciadas que a veces son estratégicamente incompatibles. Pero antes de que se llegue a esos momentos hay un larguísimo tramo por recorrer. Si nosotros no lo recorremos, si no logramos tener una instancia de unidad de masas, plural, democrática, y al mismo tiempo con parámetros precisos -que estamos resumiendo en la idea de un concepto antiimperialista- nosotros afrontamos una situación muy grave, porque en el debate de hoy quedó en claro que estamos ante una crisis internacional muy seria que no tiene solución a la vista y que aquí se va a manifestar con particular violencia. Porque se suma el impacto internacional a una situación de extrema debilidad en prácticamente todos los terrenos en Argentina. Por eso debemos ser capaces de alimentar una instancia política centralizadora de la voluntad de resistencia de nuestro pueblo, que coincidimos que existe. Si no lo conseguimos vamos a sufrir una disgregación mayor todavía de nuestro cuerpo social, de las organizaciones políticas y muy posiblemente territorial. Esta es la responsabilidad que tenemos».

Un dato a subrayar es que todos/as los/as oradores, subrayaron la condena al golpe en Honduras y a las bases estadounidenses en Colombia, convocando a movilizarse contra esta expresión aguda de la crisis capitalista.

Comunicación
En las jornadas realizadas el sábado 8 de agosto en el Hotel Bauen quedó conformada la Comisión Organizadora, responsable de la realización del Encuentro en Rosario y de gestionar reuniones con las diversas fuerzas políticas que están caminando hacia el mismo horizonte. Así, la propuesta se basa en buscar un punto de convergencia de naturaleza superadora, que rompa con la inercia frentista, y pueda estar a la altura de las circunstancias ante las enormes posibilidades del momento histórico que nos toca vivir.

Asimismo, quedó en claro la necesidad de empujar todas las formas de red comunicacional posibles para llegar al conjunto social, que se exprese en radios, periódicos, producción de contenidos en diversos formatos. Este tipo de líneas de acción concretas deberían estar apuntadas a llegar con un mensaje diferente al conjunto de la población, que es el que está buscando respuestas y a las vanguardias organizadas que conforman agrupamientos a los cuales no se intenta sumar una sigla más, sino encontrar el punto de convergencia superadora.

III. IIº Encuentro Nacional Huerta Grande-Cordobazo- Rosario 12 de septiembre

Un paso más en la construcción de la herramienta política
En el histórico edificio del Sindicato del Seguro de Rosario, el sábado 12 de septiembre se desarrolló el segundo Encuentro Nacional Huerta Grande Cordobazo. La jornada contó con la participación de al menos 80 cuadros políticos venidos de distintos puntos del país y de Uruguay. Tras largas horas de debate y reflexión se decidió en plenario aprobar dos documentos de trascendente importancia: por un lado se definió la apertura de Casas del Alba a lo largo y ancho del país. Por el otro, quedó establecida la conformación de una Red de comunicación. Los objetivos prioritarios de esas Casas del Alba fueron claramente fijados: «plan de difusión y educación respecto de la existencia, los contenidos, propósitos y realizaciones del Alba; acumulación de fuerzas humanas para encarar tareas tales como el programa Yo sí puedo, la Misión Milagro, etc.; realización de actividades regulares, con enviados internacionales de cada país integrante del Alba, a fin de incentivar el intercambio e integración en los planos culturales, artístico, científico, etc.; desde estas plataformas y excluyendo por definición cualquier forma de confrontación con el gobierno, a la vez que con plena independencia frente a éste, explicar la necesidad de que Argentina se incorpore al Alba y que como primer paso tras ese objetivo, se sume al Sistema Único de Compensación Regional (Sucre, la moneda común del bloque), al Banco Alba, etc». El encuentro recibió saludos de adhesión por escrito del Dr. Raúl Jiménez, legislador de Córdoba por el Frente Cívico y de Héctor Vega, Intendente de Machagai, quien anunció su decisión de abrir de inmediato una Casa del Alba en esa localidad chaqueña. La mesa de presidencia estuvo coordinada por Gustavo Faletti, de Córdoba.

Desde temprano la sala principal del Sindicato del Seguro de Rosario fue reuniendo a los distintos participantes que llegaron con ánimo de analizar, debatir y dar lugar a las acciones que se desarrollarán de aquí en más.

De este modo, tras recordar que el día anterior se había cumplido un nuevo aniversario del golpe que derrocó a Salvador Allende en Chile, quedó conformada la mesa de presidencia, que intentó representar a las distintas regiones presentes. Además, quedó expresa la necesidad de que hayan representantes de los pueblos originarios, que encarnaron dos compañeros de las comunidades Toba y Mapuche.

Para comenzar se realizó un informe de la situación nacional latinoamericana, a cargo de Luis Bilbao, y un análisis de la coyuntura nacional a cargo de Javier Romero y Luis Bazán, tras lo cual se resolvió la metodología de trabajo para el resto de la jornada: se formaron cuatro comisiones para facilitar la participación de los concurrentes y que todos tuvieran tiempo para dar su parecer, de modo que fuera un debate realmente colectivo. A la tarde se haría el plenario con las conclusiones de cada grupo.

El análisis
Los análisis, tanto de la coyuntura internacional como nacional fueron disparadores para el debate que luego se daría en las comisiones.

La exposición de Luis Bilbao dejó en claro que estamos frente a una crisis estructural del sistema capitalista. Allí, la crisis financiera es la expresión de la trabazón del mecanismo de producción capitalista en los principales centros imperialistas. «Rechazamos la idea de que de esta crisis se sale en tres, seis o doce meses. No es ése el cuadro en el que estamos: hemos ingresado en la fase final de la crisis más grave de la historia del capitalismo.

Esta crisis no comenzó con el estallido el año pasado, tiene tres décadas de existencia», expresó Bilbao. Así, quedó sentado que esto plantea un panorama mundial y estratégico completamente diferente al que presuponen ciertos analistas que afirman que de esta situación se sale en un periodo breve.

Hay así dos hipótesis de proyección continuó diciendo el expositor- que fueron planteadas en el Primer Encuentro realizado en Huerta Grande y que aún se mantienen: una es que la recesión en la que estamos se trasforme en depresión, acrecentando aún más los millones de desocupados que ya ha generado la crisis. La otra es que las medidas adoptadas como mecanismos para contrarrestar la eclosión de la crisis pudieran generar una situación de estancamiento prolongado. Los centros imperiales han lanzado una campaña tendiente a convencer al mundo de que no falta mucho para salir de la recesión, intentando cambiar así las expectativas de la sociedad. «Suponen que si la sociedad cree que no hay recesión, no hay recesión», ironizó Bilbao «esto es ridículo. Tenemos que negar frontalmente esto, no es esa la perspectiva. La detención de la caída, sobre la base de financiar bancos y grandes empresas productivas, no detuvo la crisis estructural: la desocupación ha seguido aumentando en todos los centros del capitalismo desarrollado. El dólar ha perdido completamente su valor. Hasta los propios economistas del imperialismo se animan a decir que ya se han acabado los efectos paliativos y es posible que entremos de nuevo a una crisis financiera».

En este marco se analizó la instalación de las bases militares en Colombia, como parte de la estrategia de invasión de los Estados Unidos. «La idea de que eso es solamente contra las organizaciones guerrilleras de Colombia no resiste el menor análisis. El documento oficial explica que esas bases tendrían como función establecer la capacidad de movilidad de todo el aparato bélico estadounidense con proyección hasta Tierra del Fuego y hasta África. Incluso las bases tienen que tener capacidad para sostener aviones con cargas nucleares».

El análisis subrayó el lugar de los países que integran el Alba. «Está claro que el único lugar del mundo donde se presenta una respuesta revolucionaria, antiimperialista y anticapitalista a la crisis, es América Latina, desde los países del Alba. En ese cuadro, el país más retrasado es Argentina. Nos corresponde a nosotros cambiar esa situación», finalizó Luis Bilbao.

A continuación se ofreció un panorama de la coyuntura nacional.

Coyuntura nacional
Primeramente Javier Romero, de la CTA Chubut, realizó una caracterización del gobierno nacional indicando que «en estos años no se han tocado las estructuras básicas. Hay un doble discurso, con temas demagógicos». Así mismo, destacó la falta de herramientas que permitan avanzar. «Creo que la derecha más conservadora está generando consensos y esto tiene que ver con la fragmentación de los sectores populares, de no encontrar puntos en común».

Por su parte, Luis Bazán expresó: «Tenemos que adquirir profundidad y encontrar una síntesis colectiva que nos permita una perspectiva política. Todos los que estamos acá tenemos una experiencia militante, una búsqueda política diversa, desde el campo popular, desde los sectores que queremos transformaciones profundas, con los matices que nos ha dado nuestra vida y nuestra práctica concreta. Va ser muy difícil unificar una misma lectura de la coyuntura política. Tenemos que ver el proceso y sus grandes rasgos y que nos permita a nosotros mínimamente ubicarnos, de manera que no caigamos en apreciaciones subjetivas que nos lleven a tener dificultades para avanzar». Asimismo indicó que «no podemos ser simplistas y decir que son todos iguales. Los sectores populares debemos tomar posición y saber dónde tenemos que operar y dónde nunca debemos caer. No podemos desentendernos de las conquistas sociales que hemos recuperado».

A la hora de construir la alternativa, Bazán destacó que un paso es articular, «coordinar el campo popular independientemente de los matices. Tenemos un objetivo común. Hay que tomar posiciones: el proyecto de unidad latinoamericana puede ser el punto de convergencia de las expresiones populares». Así, quedó abierto un tema que llevaría toda la tarde de debate. «Hay que empezar a construir el Alba. Eso significa definiciones concretas: hacia dónde queremos ir. Hay que hacer la práctica concreta, así vamos a cortar camino. Y lo tenemos que hacer con mucha flexibilidad y asumir nuestra diversidad para tratar de construir lo mas rápido un proyecto que nos contenga a todos».

Debate en comisiones
Durante el resto de la mañana y parte de la tarde las comisiones debatieron no solo en torno a lo coyuntural, sino concretamente en el análisis de los dos documentos presentados: la construcción de las casas del Alba y la Red de medios de comunicación. Cuando caía la tarde, el plenario volvió a encontrar a todos para tomar definiciones.

En las exposiciones se expresaron diversas cuestiones. Fue remarcado que «las casas de Alba son una herramienta de construcción junto con el pueblo, pero no es la herramienta política». Asimismo, se planteó la necesidad de que el Alba fuera una instancia que expresara la vocación unitaria, al mismo tiempo que quedó en el tapete la necesidad de un cambio profundo en la Argentina que estuviera en sintonía con América Latina.

La necesidad de avanzar en los puntos programáticos, el rechazo a cualquier instancia de golpes palaciegos, la necesidad de enfrentar las visiones del desarrollismo -que mantiene intactas las cuestiones en torno a las multinacionales, la mineras y las agroindustrias-, la necesidad de organización y la búsqueda de una resolución a favor de la clase trabajadora y el pueblo, fueron algunos de los ejes planteados, donde también se hizo la salvedad sobre que no se puede pensar un proyecto nacional si no se lo hace desde una visión continental, donde el Alba sería una instancia de contenidos para avanzar en el ámbito local e incluso para acortar distancias.

También quedó sentado que en cada región hay que viabilizar las formas en que se pueden establecer las Casas del Alba. Se remarcó la importancia de avanzar en la posibilidad de una coordinación de las casas «que tiene que tener también el carácter de debate sobre el país que queremos. Avanzar en esa dirección con una visión de participación en todos los términos».

Otros pronunciamientos declararon que hay que ver las casas del Alba como una estrategia de unidad «en la enorme dispersión que todavía tenemos y no hemos podido revertir».

A medida que el micrófono iba pasando de mano en mano quedaba expresada también la tarea por delante en la construcción de una herramienta política de masas para encontrar el propio camino hacia el socialismo.

El papel de los medios y la necesidad de utilizar una multiplicidad de herramientas para llegar a toda la población fue otro eje. «Habría que formar en cada zona equipos de compañeros, que cubran la realidad de su región y actúen como corresponsales», se dijo. Asimismo, en el marco de los temas referidos a la comunicación, algunos grupos expresaron la importancia de la discusión de la Nueva Ley de Medios. «Mas allá de que tenga deficiencias no se puede desconocer que muchas organizaciones viene trabajando en los foros que se hacen desde el 2004 y que han elevado los cambios que han sido recogidos en el proyecto que se trata actualmente en el Congreso. Por lo menos 50 cambios vienen de esos foros». En cuanto a la red de comunicación puesta a debate las coincidencias fueron generales, si bien quedó plasmado el desafío del cómo llevarla adelante. «Para que tengamos medios que realmente sean alternativos y contrapoderes al poder mediático, para ser una alternativa de verdad, tienen que ser de calidad y masivos o con vocación de llegar a mucha gente; y no basta con hacer una nota de vez en cuando, necesitamos gente que se dedique a eso, trabaje y ver de que forma se financia el trabajo».

Por otro lado, desde otra de las comisiones se indicó la necesidad de un llamamiento a todos los que estuvieran dispuestos a encarar un proyecto verdaderamente transformador. «En esta búsqueda de los sectores que estén dispuestos a contribuir sería importante encontrar algunas raíces de nuestra historia. Incluso se ve la necesidad de buscar mitos y hasta místicas. Se llegó a decir que el futuro es 40 años atrás, un poco recuperando el espíritu de Huerta Grande-Cordobazo», expresó un compañero.

Al mismo tiempo se declaró que no va a haber posibilidad de una tarea revolucionaria si no se instala la necesidad de reformular la Constitución o de encaminar hacia una Asamblea Constituyente. «Con esta Constitución burguesa es imposible la transformación del país». Reconstruir la alternativa del tren como medio de transporte nacional fue otro tema sobresaliente, así como la defensa de la soberanía energética.

La importancia de incluir a los pueblos originaros fue otro eje. Justamente, Jorge Pilquiman, integrante de la comunidad mapuche de Chubut, destacó que «es importante integrarnos, fundamental, de manera que estemos uno al lado del otro para constituir una gran fuerza. Hay que poder enfrentar el imperialismo que avanza y viene por todo. A nosotros la primer invasión ya nos pasó hace 500 años, ahora viene la segunda conquista, que viene por todo: por lo que está debajo de la tierra y lo que está arriba».

Así, expresó con énfasis: «No perdamos esta oportunidad. La casas del Alba son un espacio para el pueblo, donde el pueblo sea dueño, nosotros solamente tendríamos que sentirnos defensores de ese espacio, un espacio común de construcción, un espacio de integración latinoamericana. Ese es el espacio del pueblo para intentar una o mil veces más la liberación. Vale la pena estar continuamente construyendo lazos fraternales para no rendirnos jamás».

El Encuentro también recordó a Julio López, a tres años de su secuestro y convocó a luchar por su aparición.

Plenario
Al cierre de las jornadas y por unanimidad se aprobaron dos documentos, respecto a la creación de las casas del Alba y la Red de Comunicación. De todas formas, como muchos coincidieron, quedó pendiente para seguir trabajando la cuestión organizativa, respecto a la construcción de la herramienta política. «Podemos sentir alegría. Hemos conseguido mucho», dijo Luis Bilbao a cargo del cierre. «Con el primer encuentro no pensábamos que íbamos atener el resultado que tuvimos. Desde entonces, viajamos por todo el país y encontramos fuerzas nuevas, muy potentes. Hay algo nuevo en Argentina que viene con dudas, confusión, pero avanza. Cosas que de alguna manera se expresaron hoy acá. Hay que rescatar el respeto con el que se han discutido las posiciones de cada uno. Llegar al acuerdo de crear Casas del Alba tiene una dimensión enorme. Reproducir las Casas del alba es esparcir la idea de la unidad latinoamericana, plasmarla en nuestro territorio».

 
 
 

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